17 de septiembre de 2007

Aragón: Amantes de Teruel.


" Es, pues, el amor, por su misma esencia, elección. Y como brota del centro personal, de la profundidad anímica, los principios selectivos que la deciden son a la vez las preferencias más íntimas y arcanas que forman nuestro carácter individual."
(Estudios sobre el amor, J. Ortega y Gasset)

Entramos en la plaza porticada, rodeada de edificios modernistas, bares y restaurantes a rebosar. Todo lleno, incluso la farmacia.

Girando a la derecha por un callejón, dejando el símbolo fálico a nuestra espalda (lo importante no parece ser el tamaño toril y sí la longitud de su columna), llegamos a la siguiente parada obligada: el mausoleo de los Amantes de Teruel.

Que no se os olvide mirar por debajo.

Mientras contemplo la delicada escultura, me viene a la mente las palabras de Chesterton: "La tumba más aristocrática es una tumba democrática, porque existe para ser vista."

Los Amantes de Teruel: Juan Diego Garcés de Marcilla e Isabel de Segura para unos, Girolamo y Salvestra, para otros.

Piel de Toro y Bota adriática compartiendo estilo.

Muertes carentes de histrionismo. Muertes "desantendidas" por la historia.

Lo "vuestro" sigue siendo, aún hoy, más atractivo que lo "nuestro".

Sólo a través del "allí" somos capaces de llegar al "aquí".

Complejo atávico e imborrable. Agarrado a nuestro imaginario colectivo. Marcado a fuego.

¡Cuánta ironía nos depara la vida!