15 de octubre de 2007

Aragón: Heróica Zaragoza.

El hombre y la gente, de Ortega y Gasset:

" Desde ese fondo de soledad radical que es, sin remedio, nuestra vida, emergemos constantemente en un ansia, no menos radical, de compañía (...) Para ello hacemos los más varios intentos. Uno es la amistad. Pero el supremo entre ellos es lo que llamamos amor. El auténtico amor no es sino el intento de canjear dos soledades."

Estoy en Zaragoza.

Y es doce de octubre de 2007.

Día grande por dos razones.

Zaragoza se ha convertido en una locura, alimentada por horas de espera a las puertas de la Romareda.

Venta de tortillas caseras, de bolígrafos y demás objetos diversos (el regalo es lo de menos)

Largas y enlutadas filas, en ocasiones punteadas por otros minoritarios colores.

Son las cinco.

Se abren las puertas.

Sí, en punto.

Primer agradecimiento.

Manos enguantadas manosean nuestras bolsas en busca de "vete tú a saber qué."

Y a las 21.00 horas comienza la locura.

Sí, en punto.

Segundo agradecimiento.

Locura extasiada y en estado de trance continuo que acabará pasadas las 23.30 horas, momento en el que millares de camisetas negras toman la ciudad, sus bares y, sobre todo, sus servicios, continuando, así, la formación de interminables filas.

Aunque en esta ocasión para algo más prosaico.

Filas desesperantes para unos (la vejiga avisa y no es traidora), y esperanzadoras para otros (el hambre aprieta)

De regreso me preguntan si valía la pena.

Sí.

Sin paliativos.

Muy agradecido.

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