26 de noviembre de 2007

Leyenda: La campana de Nájera y la Virgen de la Terraza.

A tenor de la entrada anterior, permitidme añadir, cual complemento, la leyenda de "La campana de Nájera y la Virgen de la Terraza" (Antología de las leyendas de la literatura universal, Ed. labor, 1953), respetando los acentos originales.

"Un día el rey don García de Navarra había salido de caza. Si bien sentía gran afición por el noble ejercicio, su espíritu estaba demasiado inquieto por la política y por la guerra para disfrutar de las bellezas naturales y de la animación de la partida. Una perdiz voló de pronto, y fué lanzado un ágil azor contra ella. La perdiz volaba y volaba sin ser alcanzada por la impetuosa ave de altanería. El Rey y sus sirvientes picaron espuelas y fueron por los caminos, entre robles y hayedos, siguiendo el vuelo de la valiente perdiz que de tal maneran burlaba a la mejor de las aves cetreras del Monarca. La perdiz, sintiendo cerca el ave enemiga, atravesó el río Najerilla y se metió por un profundo y umbrío boscaje que en la orilla occidental de ese río había, justo por donde está el monasterio de Santa María de Nájera. El azor seguía como una flecha a su presa, y se vió a uno y a otro perderse entre el boscaje. El rey, juzgando que ya habría caído la pobre perdiz bajo las garras agudas del azor, se internó entre la arboleda.

Nada pudieron hallar. Habían desaparecido azor y perdiz de tal manera, que los rastreadores más sagaces se confesaron rendidos. Al fin, el rey vió una oscura cueva, y creyendo que allí podía haberse refugiado la caza, penetró en ella.

La cueva era profunda y oscura, y el Rey mandó encender unas teas para alumbrar el camino. Grande fué la sorpresa del Monarca cuando, a la luz vacilante de las hachas traídas por sus servidores, pudo ver una imagen de Nuestra Señora que parecía haber sido ocultada en aquel recóndito lugar. Delante de la imagen había una pequeña vasija de porcelana humilde, de las que llaman terraza, y en el suelo una campana. Pero lo que causó el asombro de todos fué ver que a los pies de la Virgen estaban el azor y la perdiz en amigable compañía. Don García y sus acompañantes juzgaron prodigio sobrenatural todo lo sucedido, y volvieron atrás. Más tarde, el Rey ordenó que se erigiera allí un monasterio. La campana fué recogida, y se vió que en ella había una inscripción que ponía en latín: Mente sana y espontánea: honor a Dios y libertad a la patria. Después se instituyó, en memoria de ese hallazgo, la Orden de la Terraza, recordando la humilde vasija encontrada a los pies de la Santa Madre de Dios."

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