3 de diciembre de 2007

Navarra: Bakedano.


Es invierno, pero he dormido confortablemente.

Me espera un buen desayuno. Café en mano y bajo el calor protector del hostal, contemplo el paisaje.

Tranquilizador.

Podría mantener la mirada, "su" mirada, durante horas.

Aún no sé quién mira a quién. En ocasiones pienso que él me mira y yo le admiro.

Busco en mi cuaderno peregrino y tropiezo con Vicente Verdú:

"He aquí un pleonasmo moderno: el paisaje es hermoso. No existe paisaje que admita hoy un discurso estético de negación. El hablante no necesita elucidar nada más cuando dice a su interlocutor ¡mira el paisaje! El paisaje es inevitablemente admirativo, conmovedor y elocuente para el espíritu."

(La admiración del paisaje, en Sentimientos de la vida cotidiana)

Las amables gentes del lugar me indican tres opciones itinerantes: el de los pastores, el de los montañeros o el de las fuentes.

Me aconsejan ver el Nacedero del Urederra (Ur-ederra)

La taza, ya vacía, mantiene el calor sosegado, mientras sigo contemplando el Pico de Urbasa.

Quiero subir. Necesito subir y respirar desde su cima.

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