10 de diciembre de 2007

Navarra: Estella-Lizarra


Dejo el Pico de Urbasa y me dirijo hacia el "fresno": Estella-Lizarra.

Y el "Agua Hermosa" me persigue. Agua amiga:

"No basta con ponderar los méritos del agua (de los ríos, de los estanques) que apacigua e invita a la contemplación. Además, es necesario que no permanezca frígida, distante, intocable (...) Para ser bienhechora, el agua debe correr, ser suave a la mirada, a la mano, debe poder percibirse su verdor o sus remolinos interiores." (Pierre Sansot, en Del buen uso de la lentitud)

Estella-Lizarra, nacida para el "camino", como poblado de francos, desde 1090 y que se convertirá en ciudad de mercaderes desde el XIII, llegando a contar con seis hospitales de peregrinos un siglo más tarde.

Ciudad oculta por colinas, tan oculta que "no se ve Estella hasta llegar a ella" y arrinconada por un meandro del río Ega. Río de agua dulce, sana y extraordinaria, según el Codex Calixtinus.
Y añade éste: "Estella: ciudad de buen pan, buen vino, carne y pescado, y abastecida de todo tipo de bienes."

Nada más entrar en la ciudad notarás que tiene todos los elementos para los amigos de lo mágico: puente, fuente, escaleras, torre, leyendas. Y hasta Mona.

Pero todo esto lo guardaré para una próxima entrada.