23 de enero de 2008

Navarra: Pamplona.



Mi última estancia en Bakedano.

Continúo mi ruta hacia el norte. Echaré de menos este remanso de paz. Este aire. Este paisaje.

De camino, Pamplona.

Ciudad de múltiples nombres a lo largo de su extensa historia: Uruna, Iruna, Iruña, Pompaelo, Pompailon, Pompeiopolis.

Reino de Pamplona en el s. X.

Reino de Navarra allá por el XII.

Enfrentamientos entre reinos. Ignacio de Loyola (Loiola)

Francia en sus tierras.

Catedral gótica: Santa María de la Real.

Su Claustro, del s. XIV, reconocido como uno de los mejores de Europa. En él volveremos a encontrar los reiterados Ríos del Paraíso.

La Iglesia de San Nicolás. Interior cisterciense con bóveda y ábside góticos. Nacida para defender.

Su Monumento a los Fueros (1903). Nunca inaugurado. Sus esculturas: Trabajo, Paz, Justicia, Autonomía, Historia (así, en mayúsculas). Y en la cúspide una bronceada y altiva Navarra, con las cadenas de su escudo y la Ley Foral.

Pamplona, para empezar y nunca terminar.

¿Y de los Sanfermines? Tan conocidos que no es menester.

Próxima parada: La Antigua.

No hay comentarios: