4 de febrero de 2008

Leyendas. Gigantes vascos y Ulises.

La semana pasada introduje la leyenda de La Antigua y los Gigantes.

Pues bien, ¿quién no recuerda a Ulises? Y más concretamente, el Canto IX de la Odisea.

Desembarca con doce de los suyos en la isla de los Cíclopes, donde caen en poder de Polifemo. Para escapar, lo embriaga y ciega, huyendo de la gruta escondidos entre las ovejas.

Y ahora, fijaos. Permitidme que os cuente la leyenda de Tártalo (Antología de las leyendas de la Literatura Universal. Ed. Labor)

"En Cegama se cuenta que Tártalo era un hombre monstruoso, de enorme estatura y que no tenía más que un ojo. Habitaba en el sitio que llaman Tataloetxeta (casa de Tártalo), cerca del monte Sadar. Desde allí hacía correrías por los valles y los montes, robando corderos y hombres, a los que devoraba una vez asados. En cierta ocasión iban dos hermanos por un sendero; regresaban de la feria de un pueblo vecino, en donde habían vendido sus ovejas y se habían divertido de lo lindo. Venían charlando animadamente; mas de pronto enmudecieron: habían visto aparecer a Tártalo. En vano quisieron huir. El gigante cogió a cada uno con una mano y se los llevó a su cueva. Allí los tiró en un rincón y se puso a encender un buen fuego. Hizo una enorme hoguera con troncos de robles y colocó encima un gran asador. Los dos hermanos temblaban de espanto. Luego, el gigante cogió a uno, el que le pareció más gordo, y matándole de un golpe, lo puso a asar. El otro pastor lloró amargamente al ver el terrible fin de su hermano y cómo su cuerpo era devorado por el terrible gigante. Éste, cuando hubo consumido su repugnante yantar, cogió al muchacho y lo tiró encima de unas pieles de ovejas. "A ti tengo que engordarte todavía. Pero para que no puedas escapar, te colocaré este anillo en el dedo."

Y, en efecto, le colocó un anillo mágico, que tenía voz humana y que repetía sin cesar:"¡Aquí estoy, aquí estoy!" Después Tártalo se echó a dormir tan tranquilo. El pastor decidió huir, fuera como fuera, antes de ser cebado y devorado por el gigante. Entonces se arrastró con cautela hasta el fuego. Cogió un asador y lo caldeó hasta ponerlo al rojo. Lo agarró bien firme y yéndose a donde Tártalo roncaba, le clavó el asador en el único ojo que tenía en la frente el monstruo. Éste, enloquecido de dolor, se levantó dando alaridos y buscando a grandes manotazos al que le había clavado el hierro candente en su ojo. Pero el pastor esquivaba las arremetidas de su enemigo. Al fin soltó a las ovejas, para que salieran, y él se envolvió en una piel para que no notase su huída el gigante, que se había colocado en la puerta.

El pastor logró salir. Pero el anillo mágico empezó a decir y repetir: "¡Aquí estoy, aquí estoy!" Y así orientaba a Tártalo, que corrió en persecución del muchacho. Temía éste que no iba a poder escapar, y corría, corría, queriéndose ocultar entre los árboles; pero el anillo encantado siempre orientaba al gigante. Viendo el pastor que iba a ser cogido, y lleno de horror por la ira del monstruo, tomó una decisión heroica: se arrancó el dedo que tenía el anillo delator y lo arrojó a un pozo. Tártalo, oyendo la voz del anillo que repetía dentro del agua: "¡Aquí estoy, aquí estoy!", se arrojó de cabeza dentro del pozo, y allí murió ahogado."

No hay comentarios: